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Cartas de amor

Para olvidarte

Para olvidarte me he reunido con amigos y he bebido hasta perder la consciencia, he conducido a altas velocidades para sentir que el aire me borra las ideas, he empapado mis pies en el mar deseando que se lleve con su brava marea tu nombre para siempre de mi corazón, me he mordido hasta sangrarme los labios para no repetirte que te amo, he guardado tus cartas en ese lugar que jamás abro, junto con todas tus cosas, he volteado tus fotografías, he llorado hasta caer rendido de cansancio, he buscado en otras miradas un dejo de esperanza y no he logrado nada…
Para olvidarte he dejado de escuchar las canciones que juntos bailamos, no he vuelto al cine porque cada película tiene algo de ti, he cambiado mis hábitos alimenticios, he vuelto a fumar más de la cuenta, veo televisión por más tiempo del normal para distraerme, trabajo muchas horas intentando concentrarme en algo más que no sea tu recuerdo, me invento metas que después de un poco me aburren por no poderlas compartir contigo, me he cegado ante la luna y me pongo bajo los intensos rayos de sol para que tu recuerdo se queme, pero no lo he conseguido…

Para olvidarte les platico a los demás, que fuiste una gota de lluvia en el verano solamente, que jamás penetraste en mi alma, que confundí el amor con una amistad, que nunca me interesaste del todo, que no me hace mella el haberte perdido, que eres un nombre más en mi lista de conquistas, les miento absurdamente para ver si así termino por creerlo yo también, aunque la verdad termina por azotarme y ellos lo notan, pues mis ojos se ponen vidriosos y mi sonrisa desaparece cuando me preguntan por ti, y me vuelvo a dar cuenta de lo adentro que estás en mi…
Para olvidarte tomo pastillas para dormir creyendo que al cerrar los ojos tu imagen se desvanecerá de mi mente, pero solo consigo soñarte, he cambiado todas y cada una de mis costumbres, hasta he pensando en mudarme a otra casa y a otra ciudad donde no halle tu fragancia en cada esquina, porque quiero asesinar todo el dolor que me ha causado tu partida, he cambiado el verano por el invierno, me he vuelto desaliñado, siempre con el cabello revuelto intentando ver en el espejo a otro hombre que no es el que tanto te ama, pero no consigo nada…
Para olvidarte me falta la voluntad, me faltan fuerzas, porque después de todo estoy cierto que todo quiero menos olvidarte, porque sería negar mi existencia misma, el tramo de vida que me he enseñó a ser feliz, por lo que ha valido la pena la batalla diaria de la cohabitación en este mundo, olvidarte sería ocultar mis únicas sonrisas, mis sueños más grandes, mis logros más hermosos, mis anhelos, mi grandeza, aunque todo eso ya haya terminado, no quiero ni puedo olvidarte, porque olvidarte sería simplemente empezar a morir…
Escrito por ''chacho'' 


“La distancia más corta”

He aquí la carta ganadora: “Acabo de terminar una nube con relámpagos. Queda preciosa colgada del techo de nuestro cuarto, Laura, justo encima de la cama. Como sólo me quedaba papel para escribir esta carta y quería que la nube fuera de gran formato, he tenido que utilizar la cortina de la ducha (ya sé que eso es hacer trampas, pero las gotitas de Loctite para que aguanten los pliegues no se notan). Lo mejor es que mientras la estaba fabricando una tregua suave se ha instalado en mi mente y he conseguido no pensar en nada… pero ahora que veo la nube sobre mi cabeza me vuelvo a sentir en jaque. Una pregunta afilada y caprichosa me carcome.
“A lo mejor tú lo sabes, Laura: ¿Cuál es la distancia más corta entre dos personas?
Si me hubieran preguntado hace poco hubiera dicho que la respuesta es un beso, pero a veces ocurre (como de hecho ha ocurrido) que nos besamos y hacerlo es como tocar la nota equivocada en un piano.
“¿Quizás los recuerdos? No sé. Haz tú la prueba: piensa en aquella habitación de hotel donde los jueves por la tarde montábamos la tienda de campaña y nos hacíamos cosquillas hasta que nos dolían los oídos de tanto escándalo. ¿Notas algo? ¿Me sientes más cerca?
“Ya sé que me obsesiono, Laura… Ayer, mientras doblaba una servilleta para hacer un cisne, pensé que la clave era un billete de avión desde esta soledad hasta tus ojos, pero Tokio queda lejos y sospecho que allí la luz es como tu voz en el teléfono: remota y pulverizada. Y ya sabes lo mal que se me da el teléfono, Laura, lo torpe y callado que me pongo cuando llamas.
“Por eso no te he contado lo de las grullas. Bueno, la verdad es que ahora ya no son sólo grullas; mi experimento para acortar distancias se me ha ido un poco de las manos… digamos que se ha vuelto una tarea de dimensiones cósmicas. Con paciencia y mucho papel he conseguido hacer casi de todo: una muela con caries, un astronauta en la luna, una rana que saca la lengua, tres molinos holandeses que han conquistado el pasillo, una jauría de dragones estrábicos, un submarino que se deshace lentamente en la bañera…

“El otro día bajaron la vecina del cuarto y sus rulos a pedirme un poco de sal. Cuando entré en la cocina (ahí es donde tengo las ochocientas cincuenta grullas blancas), se asomó con descaro y dijo no se qué de “Los Pájaros” de Hitchcock. Yo le regalé el salero, cerré la puerta en sus narices y volví a enfrascarme en mi último proyecto: un teatro isabelino precioso con actores a escala que representan “Hamlet”. Creo que te gustaría.
“Según he leído, el origami ayuda a fomentar la paz de espíritu y la claridad de mente. Para mí es una forma de no pensar en esa distancia japonesa y fría que te oculta. Por ejemplo ahora: en la habitación de tu hotel el sol se estará deshaciendo pero aquí el día aún no ha sido tocado por nadie. Tú te vas a dormir. Yo tendría que estar levantándome. Pensar que los dos vivimos en el mundo por turnos me vuelve muy pequeño, Laura, me hace sentir deshecho como el submarino de papel que tengo en la bañera.
“Y lo malo es que ya se me ha terminado el material: las cartas que nos mandábamos hace años, las postales, mis cuadernos, tus partituras, todos los libros del salón se han convertido en criaturas extrañas de este arca de Noé donde gobierno (¿te enfadarás si te digo que el empapelado azul de las paredes es ahora el sexto batallón de un ejército de cosacos?).

“El problema de quedarme sin papel es que no he sido capaz de hacer las cosas que de verdad me importaban. En el libro de origami que he comprado dice que “los dedos hábiles de quienes pliegan pueden dar nacimiento a todas las figuras de la creación”. Mis dedos no son tan hábiles, Laura. He intentado crear tu rostro y el acantilado sin nombre de tu cuello y ha sido imposible. Tampoco he sido capaz de fabricar una madrugada enroscado a tu lado, ni el asiento trasero de un Ford en la linde de un bosque, ni tus gemidos suaves, profundos, de color turquesa.
“Y lo peor es que en mi fracaso aletea la maldita pregunta como una grulla con las alas encendidas: ¿cuál es la distancia mínima entre dos seres?
“Desde donde estoy veo la calle que ya empieza a hormiguear con prisa de colegio y oficina. Del portal de enfrente acaba de salir una pareja y han hecho algo muy simple y muy terrible. Ella quizás sea un poco más joven que tú; él probablemente tenga unos años más que yo; se les nota en la cara y en los gestos que llevan tiempo viviendo juntos. Cuando han salido a la acera se han dado un beso fugaz y un abrazo leve y cada uno ha echado a andar en direcciones opuestas. Hasta la tarde, piensan ellos; hasta pronto, pensaba yo cuando te fui a llevar al aeropuerto.
“¿Te acuerdas de nuestro último abrazo, Laura? Yo podía escuchar tu respiración como un roce de glaciares sorprendidos por el primer rayo de sol, tan cerca tu piel de la mía.
“¿Será esa la respuesta? Quizás la distancia más corta entre dos personas es una despedida. Sí, algo tan simple: dos cuerpos que se juntan para decirse adiós, la frontera de la piel que se vuelve borrosa y ese huracán de tigres que es la ausencia rodeándolo todo.
“Mejor parar y despedirme aquí. Ahora haré lo que sin duda hacen todos los que escriben cartas como esta: no mandarla. Doblaré el folio hasta convertirlo en grulla, contemplaré esta mañana tan anónima y extraña que me mandas desde Tokio, y llevaré la carta junto a sus hermanas, las ochocientas cincuenta que anidan en nuestra cocina esperando silenciosas tu regreso”.
Héctor Pascual, de Córdoba (España).



Remember
“Estimada Cristina: Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de disolución de nuestro vínculo matrimonial. A continuación te remito dicha lista, para que puedas solicitar la certificación al Notario (…)(…) y tener listos todos los escritos antes de la comparecencia ante el tribunal.
Como verás, he dividido la lista en dos partes. Básicamente, un apartado con las cosas de nuestros cinco años de matrimonio con las que me gustaría quedarme y otra con las que te puedes quedar tú. Para cualquier duda o comentario, ya sabes que puedes llamarme al teléfono de la oficina (de ocho a cuatro) o al móvil (hasta las once) y estaré encantado de repasar la lista contigo.
COSAS QUE DESEO CONSERVAR:
- La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina.
- El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra.
- El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar.
- La mancha de rímel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos.
- La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu pecho.
- El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote de palabra de honor.
- Las gotas de lluvia que se enredaron en tu pelo durante nuestra luna de miel en Londres.
- Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti).
COSAS QUE PUEDES CONSERVAR TÚ:
- Los silencios.
- Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina.
- El sabor acre de los insultos y reproches.
- La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío.
- Las náuseas que trepaban por mi garganta cada vez que notaba un olor extraño en tu ropa.
- El cosquilleo de mi sangre pudriéndose cada vez que te encerrabas en el baño a hablar por teléfono con él.
- Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle.
- Jorge y Cecilia… Los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener.
Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc) solo comunicarte que puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso:… objetos. Por último, recordarte el n º de teléfono de mi abogado (…….) para que tu letrado pueda contactar con él y ambos se ocupen de presentar el escrito de divorcio para ratificar nuestro convencimiento. Afectuosamente, Roberto.”
Susana López Rubio.





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